El 31 de marzo es la fecha impuesta para la disolución conyugal de una relación que mantengo hace 6 (seis) años. Es la relación más larga de mi vida, quizás nunca más pase 2191 días compartiendo espacio vital con otra persona. Hoy les voy a presentar a Tam, apodada cariñosamente como Gorda (se encula cuando los extras de nuestras vidas le dicen por el apodo) y en este momento se esta enterando que cuando estoy enojada, en mis círculos íntimos, la llamo #GordaMala.
Tam es del signo de acuario, es bilingüe (y no estoy hablando de guarangadas), corta la comida antes de comer, no está definida políticamente, lloró con The Notebook, esta decepcionada conmigo porque no llamé al programa de Fernando Bravo para que la salude por su cumpleaños.
Tam tiene un lunar blanco en la espalda, le gusta que la comida tenga colores, una vez al año usa un sweter fucsia, no va a tener hijos, pero si va a tener un perro. Muerde mal, le encantan los labios rojos como Andrea del Boca en Perla Negra, cree que va a curar al mundo con pastillas y analgésicos, viajo a Disney a los 15 y no tiene problemas en decir a la gente lo pelotuda que es la gente.
Tam habla dormida, le gusta leer en la cama, fuma lucky, toma chocolatada dos veces al día, aveces hace chilenadas (pero se da cuenta a tiempo), tiene arranques de hippie chick, nunca vió James and the Giant Peach pero se aprendió la trama de memoria por las veces que se la conté. Escucha música respetable aunque aveces derrapa, tiene guardada la lista de chongos de las dos, no le gustan los chinos.
Tam es mi mejor enemiga, nos amamos pero hay días que no queremos vernos las caras. No vamos a encontrar otra dupla que nos de el equilibro desequilibrado que hayamos en nuestra mutua compañía pero sabemos que es un ciclo que se cerró.
Pedazo de conchuda te voy a extrañar.
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