Hoy les voy a contar la verdadera historia de mi nombre: corrían los años 80 y mis papás eran los protohippies de la época, habían comprado un terreno en el sur y dejaban Buenos Aires para criar a sus hijos en un ambiente sano y casi sin vida humana comprobable.
Mi hermana mayor tenía casi dos años cuando nací, si era varón me iban a llamar León (y ahí sí que moría virgen), pero el señor los bendijo con la segunda hija mujer. Nací negra, peluda y gorda. La primer medida que determinó mi madre fue mandarme a pelar. Entonces mi papá eligió mi nombre esperando cambiar la realidad y que la nena tenga algo lindo en la vida: un nombre de abuela, Nieves.
Cuando tenía 11 meses mis padres deciden finalmente ir a habitar las desoladas tierras de la Patagonia Argentina. Cuando creces en las laderas de un cerro y la mayoría de tus compañeros de la primaria tienen nombres Mapuches, pasas re desapercibido con cualquier nombre, pero después te haces grande y te vas del pueblo y te das cuenta que tu nombre es EL karma.
Ocho años después de mi llegada al mundo mis padres deciden reabrir la fábrica de belleza y conciben su tercer heredero, querían un varón, buscaron un varón y nació el niño más bello del mundo: rulos rubios adornaban su gran cabeza de masapan y sus ojos entre verdes y miel cambiantes con el clima lo hacían el niño soñado, la adolescencia lo volvió medio boludo pero cuando no habla es taaaaan lindo. Dos años más tarde ¡sorpresa! otra nena llegó a la familia, tuvimos que hacer una reunión familiar para disuadir a mi madre de nombrarla Begonia.
En realidad fue una casualidad pero las mujeres nacidas del matrimonio de mis padres tenemos nombres relacionados a la paz y la pureza (en orden de nacimiento: Paloma, Nieves y Clara), mientras que el varón lleva el nombre del primer Papa, el fundador de la Iglesia: Pedro. Obviamente nuestro destino está escrito para hacer grandes cosas por la humanidad, como por ejemplo este blog.
Otro día les cuento el primer trauma de mi infancia: todos mis hermanos son rubios y de ojos claros.

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